La ultima morada. Zona Prohibida.

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¡La búsqueda ha terminado! Un grupo de viajeros extraterrestres ha arribado a la Tierra con intenciones desconocidas. Maravillados por la hermosura del planeta deciden descender a investigar; mientras, en el bosque Amazónico, el comandante de operaciones John Waterstone lidera un proyecto secreto del gobierno de los Estados Unidos, pero todo sale mal para las dos partes involucradas... Por otra parte, Miguel ha confirmado el diagnostico de su enfermedad, sin saber que pronto cambiará todo en su vida. ¿Qué les depara el destino a estos seres? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿Quienes son y de donde provienen? ¿Cómo y por qué cambiará la vida de Miguel?

aprender de los habitantes del planeta a través de él, conociendo desde su interior hasta el

exterior, aprehendiendo su todo.

Miguel reposaba, durmiendo, en la camilla del hospital. La pérdida de sangre lo dejó muy débil y

cansado, pero no sentía dolor alguno, producto de los calmantes que le administraron. En sus

ensoñaciones se veía cayendo después de recibir la puñalada, siendo recibido en brazos de un

desconocido, una silueta negra con forma humana. Tan sólo veía sus ojos, de color castaño, que

con mirada penetrante le consultaba diversas cosas, sin emitir ninguna palabra.

Despertó asustado. El sueño se le había hecho eterno, pero no recordaba de qué se trataba, sólo

recordaba esos ojos inquisitivos que miraban a través de él como si fuera una delgada hoja de

papel de arroz. Se encontró en la cama del hospital, en una gran habitación copada de otras

camillas donde reposaban otras personas, tapado con una sábana blanca pesada.

Era de noche ya, lo sabía por el frescor que entraba por la abertura de la ventana. Sentía su cuerpo

aletargado y frío, entumecido por la posición que había guardado las últimas horas, con el

abdomen adolorido por la puñalada recibida. Gritó levemente llamando a alguna enfe rmera que

estuviera cerca, quería saber de su abuela, estaba preocupado de si había resultado herida por

culpa de haber atacado a uno de esos tipos.

No recibió respuesta en ese momento, cayendo dormido al rato por el cansancio, soñando toda la

noche con la indagadora sombra, respondiendo a todas las preguntas que esta le realizó,

evadiendo su voluntad completamente. Despertó por la tarde del siguiente día, sintiendo algo raro

en sus ojos; acalorado, se destapó arrugando la sabana con los pies hasta el final de la camilla. No

sentía dolor alguno, sólo sentía sus globos oculares latiendo, palpitantes, como si estuvieran

hinchadísimos.

Acostado de lado, en dirección a la ventana de la habitación por la que entraba el sol, abrió por fin

los ojos. Sintió como si le dispararan luz directamente al cerebro, encandilándolo por un rato y

divisando parcialmente donde se encontraba, cubriéndose la vista con las dos manos ante tal

ataque lumínico. ¿Había visto bien? No podía ser. El habitual túnel en el que se encontraba al

mirar no estaba, se había ido. Alejó las manos de sus parpados cerrados, viendo la luz a través de

las delgadas membranas.

Se acostó de espalda en la camilla y abrió definitivamente los ojos, mirando al cielo raso del

hospital, visualizándolo por completo, pero de forma borrosa. Ahí estaba su abuela, de pie junto a

su camilla, extrañada por la actitud de su nieto, acompañada por una alta muchacha, de tez blanca

y cabello largo y oscuro. La miró absorto, analizando su ropa, su bolso, su forma; deteniéndose de

repente en su mirada, debiendo agudizar la vista. Divisó esos ojos, los ojos de su sueño.

Sin perder el contacto visual recién hecho, le habló directamente a su abuela, con la voz

temblorosa, sintiendo una mezcla de terror y respeto a la muchacha.

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