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2 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

usaban los TPV

usaban los TPV adquiridos para realizar el máximo número posible de compras ficticias, que de inmediato transferían a diferentes cuentas bancarias. Ahí, de la forma habitual, los muleros las extraían y remitían. Los buscadores que se encargaban de encontrar a los que daban sus datos para adquirir TPV tenían una tupida red de intermediarios para evitar que aquellos, al menos inocentes en parte, supieran para quién trabajaban de verdad. Otra banda similar fue desmantelada por la Policía Nacional a finales de diciembre de 2015. En este caso eran cinco personas que defraudaron cuarenta y cinco mil euros con las tarjetas que recibían de su cómplice, que las clonaba en la República Dominicana. Con ellas compraban en diversos comercios de Madrid joyas y telefonía móvil, que luego revendían de segunda mano. Otra forma de convertir en efectivo el dinero robado. Como vemos, conseguir copias de tarjetas es relativamente fácil. Lo difícil es utilizarlas y que la policía no te atrape. OTRAS ESTAFAS: ALLÍ DONDE HAYA DINERO Internet está lleno de intentos de estafa. Correos para que compremos medicamentos, webs de productos a bajo precio o programas inexistentes. El objetivo es conseguir el dinero del primo lo antes posible. No hace falta siquiera ser un genio del mal para conseguirlo. Algunas de las más corrientes en España consisten en recibir llamadas telefónicas que indican que hemos ganado un premio y que para reclamarlo debemos llamar a un teléfono de tarificación adicional. Otra muy habitual consiste en que una web nos solicite el número de teléfono móvil para un presunto e inexistente sorteo. En realidad, nos suscriben a un servicio de SMS premium por el que nos cobran hasta treinta euros diarios por enviarnos publicidad. Internet es bastante seguro en realidad. Solo hay que moverse con precaución a la hora de gastar dinero y, por supuesto, no creer fantasías de ligues imposibles o chollos extraordinarios. Con eso y un poquito de información podemos estar a salvo de casi todo. www.lectulandia.com - Página 132

L 7 EL DINERO QUE EXISTE Y NO EXISTE A LA VEZ a habitación está llena de humo de tabaco. El centro está ocupado por una fila de monitores antiguos, de los cúbicos, que ocupan gran espacio. Se impone el zumbido de los ventiladores de decenas de ordenadores que se afanan por refrigerarlos en un ambiente cálido y saturado. En las pantallas se muestran los últimos juegos online, aquellos que tienen más jugadores al mismo tiempo. En una esquina, una mesa en la que un chico de unos veinte años come con palillos un cuenco de arroz. A su lado, otro se ha levantado las gafas y se frota los ojos, cansados de permanecer doce horas seguidas fijos en sus partidas. En la habitación de al lado, unas literas y colchonetas tiradas por el suelo para aquellos que han cumplido su jornada y necesitan descansar un poco. Todo el lugar está en penumbra. Así, la luz natural no les distrae de sus tareas. Estamos en la próspera Shanghai, en China, aunque en ese peculiar piso patera no se vea la abundancia por ningún sitio. Eso sí, cada uno de los ochenta trabajadores que se turna en los cuarenta equipos conectados a Internet cobra más que el sueldo medio de la ciudad, uno de los más altos del país. Su patrón paga los correspondientes impuestos por su actividad, legal, aunque sabe que no superaría una muy poco probable inspección de las autoridades. En su cultura nadie tiene miedo al trabajo duro. Doce o catorce horas son una bicoca. La labor de los jóvenes, de ambos sexos, es repetitiva. No están disfrutando del juego, al menos no como la mayoría de los que lo hacen. Algunos están generando productos de bajo coste como armas, alimentos u oro virtual. Otros están peleando reiteradamente contra el mismo enemigo —que reaparece al poco tiempo tras ser eliminado— para hacer subir niveles al personaje que manejan. Cada vez que consiguen llegar al máximo, le entregan los datos al jefe y vuelven a empezar desde el principio. Cuando tienen un poco de tiempo o quieren cambiar de actividad, se dedican a crear personajes nuevos y matarlos para poner sus cuerpos en forma de letras que pongan un mensaje, para indicar dónde pueden encontrarlos y contratarlos. El jefe consulta una serie de tablas disponibles en Internet con sus fluctuaciones diarias, como cualquier mercado bursátil. Gracias a ello sabe cuántos dólares puede pedir por cada material que sus chicos generan para él. En Chicago, en Madrid, en Marsella, en Turín… sus clientes están por todas partes. Los gamers cada vez son más adultos y no tienen tiempo para ir progresando a lo largo del juego; lo necesitan para trabajar y atender a sus familias. Prefieren comenzar desde arriba y para ello no les importa pagar con dinero real a cambio de bienes virtuales que, de hecho, solo existen dentro de un muy determinado mundo de ficción que un día desaparecerá www.lectulandia.com - Página 133

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