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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

H 2 EL HOGAR DEL

H 2 EL HOGAR DEL PEDERASTA olger Jaques es alemán. Es un tipo alto, con el cabello rubio oscuro. A veces se deja el pelo largo y una barba que no le favorece en absoluto. Un policía español, bajito y más bien grueso, lo está introduciendo esposado en un vehículo policial sin que pueda recoger a sus hijos en un colegio de Palma de Mallorca. Es el último día de clase antes de las vacaciones de Semana Santa del año 2011, unas fiestas durante las que pensaba violarlos, como hacía de forma regular cada vez que las reglas del divorcio le permitían quedarse a solas con ellos. Debido a sus antecedentes en Alemania por estafa y a su descuidado modo de ganarse la vida en España, tenía dudas de cuál había sido la razón por la que le habían leído los derechos. Después de todo, tampoco hablaba demasiado bien español. Porque Jaques tiene un gran secreto, es el peligroso pederasta conocido como Cooldaddy (Papá Guay, en honor a la canción del grupo Boney M). No solo ha cometido abusos sobre sus hijos, sino también sobre los de sus parejas sentimentales, cuatro en total. A la manera del profesor Humbert de la Lolita de Vladimir Navokov, estaba en proceso de seducir a una nueva mujer, madre de una niñita de nueve años a la que pretendía llevarse a la cama. Más tarde, en los calabozos de la Jefatura Superior de la Policía Nacional reflexiona. No entiende cómo le han atrapado. Ha sido siempre cuidadoso en extremo. Está descartado que sus víctimas se hayan chivado, dada la manipulación que ejerce sobre ellos. Además, parece que los policías están empeñados en entrevistarlos. Si ya tuvieran sus declaraciones, no estarían tan pesados con ese tema, ¿no? En Internet ha tomado siempre las medidas más extraordinarias para evitar su detección. De acuerdo, ha publicado en The Love Zone, uno de los foros especializados en pornografía infantil de la red TOR, varias de sus grabaciones teniendo relaciones sexuales, sobre todo con su hijita de cuatro años y también, aunque menos, con los otros tres. A su hijo, de siete, no. A él no le ha puesto nunca una mano encima. Solo ha hecho que penetre a su propia hermana de nueve. En sus vídeos editó con sumo cuidado todos los fotogramas en los que se podía ver su cara. El barco en que los grabó carecía de elemento personal alguno. El vídeo de presentación tenía unos carteles al principio en los que presentaba a los pequeños, pero a todos con nombres falsos. También incluía una dirección de correo para que otros pederastas contactasen con él. Solo había accedido a ella utilizando proxies, jamás en abierto. Tenía todos los contenidos de sus ordenadores encriptados con claves de alta seguridad. Sabía que ningún investigador lograría romperlas. Las tarjetas de memoria de las cámaras de vídeo las borraba cada vez que las copiaba. Eso limitaba mucho las cosas de las que le podían acusar. ¡No se veía su faz en www.lectulandia.com - Página 28

ningún vídeo! ¡Siempre podría decir que lo había hecho otro! ¡Pronto acabaría esa pesadilla! Se equivocaba. Dos años después, desarmado de toda posible defensa por la abrumadora cantidad de pruebas que aportó la Brigada de Investigación Tecnológica, aceptaba una pena de diecisiete años de prisión y perder toda posibilidad de volver a ver a los chavales con tal de evitar un juicio público en el que sabía que iba a ser más expuesto aún a los medios de comunicación. Ya lo estaba pasando bastante mal en la cárcel como para que más presos supieran cuál era el motivo de su estancia tras las rejas. LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO Entre los legos en la materia existe la creencia de que la pornografía infantil consiste, sobre todo, en chicas adolescentes que se desnudan delante de un espejo o que son retratadas en poses «artísticas» y que luego, de una manera u otra, acaban en Internet. Esa no es la realidad. Al menos no toda. Ni siquiera es una fracción importante y, como veremos más adelante, quienes hacen eso suelen estar obligados o amenazados. Los organismos internacionales aconsejan describir esta tipología delictiva con un término más cercano a la realidad, explotación sexual de menores. Lo que buscan los consumidores se divide en dos grandes áreas: softcore —desnudos— y hardcore — actos sexuales—. Chicos y chicas son víctimas por igual y el rango de edad va desde los pocos meses hasta la pubertad. A partir del desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, la tipología cambia y el delito suele ocurrir por engaño o falsa seducción en vez de por abuso de confianza o compra. Las aberraciones más retorcidas también tienen su sitio, desde zoofilia a coprofilia, siempre con un pequeño en el centro de la «acción». Los autores en la gran mayoría de las ocasiones son personas muy cercanas a la víctima. Padres, familiares, tutores, profesores… Hay un porcentaje en el que el dinero está implicado. Suelen ser turistas sexuales occidentales en países del Sudeste Asiático, en especial Tailandia y Filipinas. Por otro lado, hay ciertas «empresas» del Este de Europa, sobre todo rusas y ucranianas, que pagan a madres por realizar fotografías softcore de sus vástagos. Es la excepción en un delito en que el interés económico, aunque mueve millones, no deja de ser una anécdota. La legislación sobre la pornografía de menores es una de las más duras que tiene todo el código penal español. Hasta junio de 2015 estaba penada con un máximo de nueve años de cárcel la producción, distribución, donación, exhibición o cualquier muestra a terceros de ese material. En ese artículo se considera delictivo, al contrario que en la difusión de obras protegidas por derechos de autor, incluso enviar a otras personas enlaces donde se puedan ver esas imágenes. También está perseguido su almacenamiento en el propio disco duro o en «la nube» y, desde julio de ese año, incluso la visualización habitual puede llevar a quien lo haga a prisión. Por ello, en www.lectulandia.com - Página 29

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