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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

Prefectura de Policía y

Prefectura de Policía y se prendió fuego. Falleció por las graves heridas el 4 de enero del año siguiente. Fue el principio de lo que se conoció desde fuera como Revolución de los Jazmines y en el interior como Revolución de la Dignidad. La noticia de la inmolación corrió como la pólvora y esa misma tarde comenzaron las primeras manifestaciones en la ciudad. Fueron reprimidas con extrema dureza, lo que causó que al día siguiente las protestas derivasen en actos vandálicos. El gobierno dio instrucciones a la prensa de no hablar sobre ello, pero no pudo evitar que en Facebook y YouTube se pudieran ver informaciones sobre lo que estaba ocurriendo que alentaron y esparcieron el alcance del levantamiento civil a otros puntos del país. A finales de diciembre, otros dos ciudadanos, inspirados por Bouazizi, se habían suicidado como forma de protesta por su precaria situación, a lo que hay que sumar otros dos muertos y múltiples heridos causados por la represión policial. El régimen se asustaba y buscaba la cabeza de un movimiento que no la tenía, convocado a través de las redes sociales de forma casi espontánea. Como las canciones del rapero local conocido como El General, Hamada Ben Amor, eran utilizadas como himno de la revolución, fue detenido, aunque puesto en libertad poco después, dado que el hecho causó una escalada en las protestas. También desaparecieron o estuvieron bajo arresto seis blogueros, incluido Slim Amamou, que más tarde fue secretario de Estado de Juventud en el gobierno de transición que siguió a la caída de Ben Alí. El siguiente intento fue el control de la Red. Por un lado, bloquearon más páginas web de las habituales, incluida Wikileaks, en un intento por cortar el flujo de información. Después fueron un paso más allá. Todo el tráfico de Internet del país pasaba por la empresa pública de telecomunicaciones ATI, por lo que quien tuviera acceso a ella tendría un control casi absoluto sobre la navegación, no solo para espiar lo que se hacía, sino para manipularlo. Se aprovecharon de ello y, cuando cualquier ciudadano intentaba acceder a las redes sociales, en especial Facebook, se encontraba con la habitual petición de usuario y contraseña en una página idéntica, salvo que quien se lo pedía no era la empresa legítima, sino que los datos eran volcados a un servidor y después el ordenador era redirigido a la verdadera web. Era un script o reducido programa fácil de hacer y que es habitual encontrar en pequeños delincuentes informáticos por todo el mundo. Desconocidos, aunque sin duda de parte del gobierno de Ben Alí y probablemente de sus servicios secretos, recopilaban toda esa información, con lo que podían hacerse pasar por cualquier usuario que hubiera entrado al sitio web desde el país. Y, de hecho, lo hacían. Así pudieron empezar a borrar páginas contra el gobierno, aquellas donde se organizaban las manifestaciones o las propias cuentas de los opositores, intentando evitar que las protestas crecieran y salieran del ámbito regional. Pero ya era inútil. Demasiada gente tenía conocimiento de ellas y se comunicaba por diversos medios. Se extendieron por diversas áreas del país, incluyendo la capital, y las élites comenzaron a apoyarlas. Los primeros, los abogados, que iniciaron una huelga el 6 de enero. Las Fuerzas Armadas www.lectulandia.com - Página 204

les siguieron, desde los más altos mandos hasta las clases de tropa. En Túnez, al contrario que en otros países árabes, los generales no tenían intereses económicos de gran magnitud que pudieran perder con un cambio de régimen. El 14 del mismo mes, Ben Alí y su familia huyeron del país con destino Arabia Saudí. Su situación era insostenible. Los militares habían expulsado a la Guardia Presidencial y tomado el palacio. Las otras opciones para Alí eran la prisión o la muerte. Las protestas no cesaron de inmediato. La población era recelosa del gobierno de transición e incluso hubo un intento poco exitoso de establecer un califato islámico por parte de una organización internacional. Sin embargo, con entradas y salidas del gabinete y otros altibajos, la nación caminó hacia una democratización extraña en el norte de África, aun con los defectos de quien está empezando ese camino. Reporteros sin Fronteras le retiró el título de enemigo de Internet para ponerlo en el apartado «bajo vigilancia». El éxito de las protestas fue uno de los incentivos que contagió la revolución a Egipto, entre otros. El dictador Mubarak había tomado buena nota de lo ocurrido y fue más drástico, cortó Internet en el país tan pronto como el 27 de enero, con Ben Alí todavía en el poder. El efecto fue el contrario al esperado, un mayor levantamiento civil, lo que obligó a devolver una conexión muy censurada, pero aun así, efectiva. La penetración de la Red en el país del Nilo era muy inferior a la tunecina, con menos del veinte por ciento de la población alcanzada, y se limitaba sobre todo en las ciudades. Allí, el acceso a los cibercentros permitía que muchos jóvenes que no tenían conexión en su casa pudieran utilizar la Red. De hecho, la tortura y asesinato de uno de estos en un local de Alejandría fue la chispa que inició las revueltas que concluyeron con el derrocamiento del presidente, otras dos revoluciones, cambios de gobierno y una penetración del islamismo radical, que ha sido una constante en la zona y de la que Túnez ha sido una honrosa excepción, a pesar de los dos atentados contra turistas que costaron la vida a más de sesenta y tres personas en el año 2015. China tomó buena nota de toda la Primavera Árabe y censuró todas las noticias de cada uno de los países implicados. Sabían lo peligroso que es el contagio de los levantamientos populares y el efecto que Internet puede tener en ellos. ESTADOS UNIDOS TAMBIÉN TIENE MIEDO El 4 de octubre de 2006 se registró el dominio wikileaks.org. En diciembre de aquel año ya publicó su primer documento, uno de muchos que pondría en lugares incómodos a los gobiernos occidentes, en especial al país más poderoso del mundo, los Estados Unidos de América. Su servidor principal está alojado en un antiguo búnker nuclear en Suecia, en las instalaciones de la empresa PRQ, conocida por no hacer preguntas sobre sus clientes www.lectulandia.com - Página 205

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