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3 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

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diferentes empresas privadas, a veces más allá de lo razonable. Sus revelaciones sobre el comportamiento de varios dirigentes árabes influyeron en la llegada de la Primavera apenas unos meses después. Otros se referían a las torturas de la base de Guantánamo. En lo que respecta a España, supimos cómo nos presionaron para cerrar las investigaciones judiciales de los «vuelos de la CIA», en los que sospechosos de terrorismo eran secuestrados en un país y trasladados a cárceles secretas en otros países. También había referencias la muerte del cámara de televisión José Couso por disparo de un carro de combate estadounidense en Iraq. Esos mismos cables revelaban que la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, el ministro de Asuntos Exteriores Miguel Ángel Moratinos, el fiscal general Cándido Conde- Pumpido y el juez de la Audiencia Nacional Javier Gómez Bermúdez habían ayudado de alguna manera a la expulsión de la carrera judicial de Baltasar Garzón. Sin dejar de estar nunca de actualidad, el siguiente aldabonazo informativo lo consiguieron en 2016, cuando publicaron todos los correos que Hillary Clinton, secretaria de Estado durante la administración Obama, había intercambiado. Más de treinta mil mensajes, de los que ella había enviado siete mil quinientos setenta y el resto eran los recibidos. De nuevo quedaba expuesta la política del país y hasta la forma de comportarse de la candidata a la presidencia en las elecciones de ese año. Además, se pueden consultar muchos otros temas, desde actividades de multinacionales hasta datos sobre la economía global. La actividad de Wikileaks ha expuesto a las personas conocidas y a la propia organización a represalias legales e ilegales. Tras el anuncio de que iban a publicar los telegramas diplomáticos, sufrieron un ataque masivo distribuido de denegación de servicio. Poco después, la empresa de alojamiento de dominios EveryDNS los eliminó de sus servicios, aunque ya había copias en muchos otros lugares, por lo que el efecto fue mínimo. Después llegaron los intentos de asfixia económica. En primer lugar, Amazon retiró el sitio web de sus servidores tras las presiones de la administración Obama, para la que el hecho de que alojaran informes secretos era, como poco, de legalidad cuestionable. A los pocos días, PayPal eliminó la cuenta de la organización, seguida por Visa y Mastercard, de manera que los medios de financiación sufrieron un serio revés. El banco suizo PostFinance congeló los activos de Assange antes del fin del año. Hoy, las entregas de dinero a través de PayPal o tarjeta de crédito se hacen mediante intermediarios, las fundación Wau Holland y Por la Libertad de Prensa. Las monedas virtuales, por supuesto, siguen estando a nombre de la organización. Estados Unidos ha perseguido con intensidad a los responsables de las filtraciones. En mayo de 2010 consiguieron detener al soldado Bradley Manning — hoy Chelsea, tras su cambio de sexo—. Asignado en Iraq como analista de inteligencia en 2009, aprovechó su posición para entregar a Wikileaks mucha información, entre la que destacan los ataques aéreos contra civiles y los telegramas diplomáticos. Entre los cargos estaban los de colaborar con el enemigo, lo que le www.lectulandia.com - Página 208

podía acarrear la pena de muerte. Se declaró culpable de diez acusaciones y el juicio, celebrado en 2013, le añadió otras siete más. La fiscalía quería una pena dura para disuadir a otros colaborares de Wikileaks. Al final la sentencia le condenó a treinta y cinco años de prisión y desestimó el más grave de ayudar al enemigo. Con los diversos beneficios penitenciarios, podría obtener la libertad condicional en ocho años tras su ingreso en la cárcel. El fundador de Wikileaks también se ha enfrentado a una odisea legal. El 20 de agosto de 2010, dos mujeres, de veintiséis y treinta y un años, acudieron a una comisaría de Estocolmo, donde Assange residía en esa época, para solicitar que le obligasen a someterse a una prueba de detección de enfermedades de transmisión sexual, dado que había tenido relaciones con cada una de ellas por separado. Sus declaraciones fueron luego entregadas a la fiscalía, que dictó una orden de detención por acoso sexual y un término legal sueco llamado «violación leve». El 30 del mismo mes fue interrogado por la policía por el primer cargo. Por entonces ya se había desestimado el segundo. Obtuvo permiso para dejar el país y se mudó a Londres el 27 de septiembre. Dos meses después, la fiscalía sueca reactivó el caso y pidió su extradición. Esto llevó a una serie de vistas judiciales entre las autoridades británicas y la defensa del australiano, que concluyó con la aprobación de la medida. Antes de poder hacerse efectiva, el 19 de junio de 2012, el acusado entró en la embajada de Ecuador en la capital inglesa y pidió asilo político, que le fue concedido un par de meses más tarde. Para poder viajar al país andino necesita salir del edificio diplomático, lo que supondría su arresto inmediato. Al mismo tiempo, desde 2010 Estados Unidos estaba investigándolo por sus labores al frente de Wikileaks, para lo que recurrió en primer lugar a su Ley de Espionaje del año 1917. Durante el juicio de Manning, se pusieron de manifiesto las conversaciones entre ambos, por lo que se podía entender que era cómplice. Varias agencias policiales del país están llevando a cabo investigaciones penales contra la organización y su titular y, si entre los cargos está el de colaborar con el enemigo, el mismo del que acusaron al soldado, podría arriesgarse a ser ejecutado. Por ello, Assange se niega a salir de la embajada, al temer por su vida. Se ofreció a viajar a Suecia para responder por las acusaciones hechas allí siempre que se le garantizase que no iba a acabar en la nación norteamericana. No pudo formalizarse debido a que la legislación local prohíbe que las decisiones del gobierno puedan interferir con las judiciales. El periodista sigue en su reclusión forzada en la legación diplomática, sin una salida previsible a corto plazo. A pesar de las controversias y las detenciones, Wikileaks tiene un considerable prestigio y ha recibido numerosos premios, como la medalla de oro de la Fundación para la Paz de Sydney, el José Couso por la Libertad de Prensa o el de los Derechos Humanos de la Asociación de Prensa de Brasil. También ha sido propuesto seis veces consecutivas para el Nobel de la Paz y una al Premio Mandela de las Naciones Unidas. www.lectulandia.com - Página 209

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