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9 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

programa en el equipo

programa en el equipo preferido por el pedófilo. Al hacerlo ellos, no era necesario esperar a que lo activase, sino que desde ese momento, tuvieron acceso a todo lo que hacía. De este modo encontraron pruebas no solo de su actividad como distribuidor, sino de su contacto con otros interesados en las mismas imágenes y, peor aún, del acoso al que sometían a niños que encontraban en Internet para obtener imágenes sexuales de ellos, incluso coordinándose entre sí. Las evidencias fueron tantas y tan alarmantes que una semana después de su inicio, los agentes dejaron de usar el troyano y procedieron a su detención. Ante los hechos probados y de los que quedaban imágenes grabadas, ingresó en prisión. Un año después la investigación culminó con otras tres detenciones en España, se informó a través de Interpol a varios países latinoamericanos donde había otros miembros de la trama y se identificó a un cierto número de menores engañados. Ahora los policías, a pesar de todos los inconvenientes, disponen de herramientas que hasta hace poco solo estaban al alcance de los que se encuentran al otro lado de la ley. Gracias a ellas van a lograr descubrir delitos que hasta el momento quedaban impunes. www.lectulandia.com - Página 172

D 9 LA VOZ DE LOS NECIOS aniela mira la pantalla de su móvil con atención. Es la única luz de la habitación a oscuras. Es madrugada. Si sus padres supieran que no está dormida, se enfadarían. Pero no tiene sueño. A pesar de sus trece años, su familia, sus amigos y sus excelentes notas en el colegio, tiene preocupaciones que la mantienen en vela. Como muchas adolescentes, se siente insegura sobre su cuerpo, que tantos cambios está teniendo. Empezó a mirar cuál sería el peso ideal de alguien de su edad. Creía que tenía un poquito más de la cuenta, así que buceó en la Red. Los primeros resultados eran demasiado médicos, demasiado fríos. No tardó en encontrar otros que estaban escritos para ella. Aprendió qué era una princesa, quiénes Ana y Mía. Comprendió, con horror, que sus cuarenta kilos para su metro treinta y cinco eran una horrible exageración. Estaba gorda. Internet se lo decía y lo escrito siempre tiene más peso que los elogios de su tía o esas miradas de los chicos de su clase que no sabía interpretar. El mundo no la entendía, no era consciente de su problema, de su obesidad. Por fortuna, había muchas otras chicas como ella que sabían lo que tenían que hacer. Hablaban con seguridad y las creía, sobre todo porque conocían desde dentro lo mismo que ella estaba sufriendo. Aprendió los trucos básicos, como esconder comida en la servilleta, darle los mejores trozos al perro cuando nadie miraba, explicar que había merendado mucho en casa de alguna amiga para no cenar. Al principio fue difícil. Solo al principio. El estómago gruñía hasta que supo dominarlo, enseñarle que era mejor el beneficio. En pocas semanas había rebajado varios kilos. Su madre preguntaba si se encontraba bien. Daniela a veces no tenía energía —ella lo llamaba «ganas»— para salir de casa. Hasta desfalleció un día en Educación Física. Le dijo al profesor que estaba teniendo una regla muy dolorosa, como había leído en una de sus páginas favoritas. Coló. Lo cierto es que hacía meses que la menstruación, que nunca había sido muy regular, ya no bajaba. Su padre la veía como un esqueleto, casi de manera literal, pero ella, instigada por sus sabios invisibles de más allá de la pantalla, notaba exceso de grasa aquí y allá. Su tripa era un agujero entre los pulmones y el coxis. Sus nalgas tan escasas que le dolía estar sentada sobre los huesos más de diez minutos. Participó en carreras de kilos donde las chicas y algún chico publicaban lo que bajaban día a día durante una semana. Quien adelgazaba más ganaba. Ella siempre perdía porque no había ya de dónde rebajar. Esa noche, desesperada por su fracaso lee el consejo definitivo: beber un pequeño trago de detergente para la vajilla, porque, como dice su publicidad, «disuelve la grasa». Lo pone en práctica a la hora del desayuno. No puede ir al instituto. Pierde el conocimiento y casi la vida en el suelo de la cocina, donde la www.lectulandia.com - Página 173

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