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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

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nacionalcatolicismo que abrazaba sin pudor. La doctrina de Marx hablaba de clases sociales en vez de países y del hermanamiento de los obreros más allá de las fronteras. Además, era de un ateísmo rampante. Su fallido golpe de Estado de 1936, que desembocaría en una guerra civil de tres años que dejó devastado el país, fue contra ese modelo social, santificado en la terrible Unión Soviética. El gobierno legítimo de la República era mucho más complejo que un grupo de bolcheviques dispuestos a entregar el país a Stalin, pero eso era lo de menos. Lo importante fue perpetuarse en el poder y tener a alguien a quien echar la culpa. Aquí entran los judíos. Al contrario de la imagen que se tiene de él, Franco no los tenía por enemigos. Al menos no al principio. En 1926 escribió un artículo para la Revista de las Tropas Coloniales llamado «Xauen, la triste» en que defendía a los sefardíes. Además, no había hebreos en España desde su expulsión por los Reyes Católicos. Sin embargo, en el imaginario popular, alimentado por el obligatorio dogma de la Iglesia —hasta 1959, en la liturgia de Viernes Santo se hablaba de la «perfidia judaica»—, ese pueblo era responsable de todos los males, empezando por el asesinato de Jesucristo —que él mismo y todos sus primeros seguidores fueran de esa misma religión era omitido por conveniencia—. Durante la Edad Media se les acusaba de todo tipo de atrocidades, desde las malas cosechas a la muerte del ganado o el asesinato de niños, como el inventado Dominguito de Val en Zaragoza. Así, pues, el pueblo, poco formado, en especial en áreas rurales, estaría más dispuesto a creer al dictador si el enemigo era reconocible en su folclore, como así fue hasta su muerte. En las teorías fascistas, además, como en el propio libro Mi Lucha de Adolf Hitler, se indica que los judíos son los responsables del socialismo internacionalista. En una sinécdoque criminal, como algunos judíos —entre otras personas— estaban en los puestos altos de la Internacional —Marx y Trotsky tenían esa ascendencia—, todos los judíos y nadie más que ellos eran los responsables de eso, tan opuesto al nacionalismo. Los judíos han sido una víctima recurrente de las teorías conspirativas. Una de las más sangrantes y que sirve de inspiración tanto a Franco como a Hitler fue el llamado Protocolo de los Sabios de Sión, un libro publicado por primera vez por capítulos en un periódico de San Petersburgo en 1902, por el conocido editor racista y antisemita Pavel Krushevan. Simula ser las actas de unas supuestas reuniones de las élites de los hebreos en las que proponen hacerse con el control de la masonería y el comunismo para, de esta forma, lograr el gobierno de todo el planeta e imponerse con férrea mano de hierro. La policía política de los zares lo utilizó con fuerza para la represión de la población de esa religión y, a partir de 1917, de una forma muy parecida al dolchstoßlegende alemán, fue utilizado para culparles de los desastres de la Primera Guerra Mundial en Rusia. Se imprimieron hasta cuarenta y tres ediciones distintas, ya que también entró en el argumentario nazi y ultraderechista europeo. Su autenticidad, ya dudosa por el carácter autoinculpatorio del mismo, se cayó a pedazos en 1921, cuando el prestigioso periódico The Times de Londres, entre el 16 y www.lectulandia.com - Página 188

el 18 de agosto, sacó una comparación entre el texto ruso y el libro francés Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu, escrito por Maurice Joly y publicado en Bruselas en 1865, utilizado para criticar al emperador de Francia Napoleón III. En él, los conspiradores eran otros, pero los originales fueron sustituidos por los judíos para el libelo en cuestión. El plagio llegaba a tal extremo que varios párrafos eran traducciones literales del original y hasta el esquema de los diecinueve primeros protocolos copiaba el de los diecisiete capítulos del Diálogo. En círculos conspiranoicos de Internet aún se cree en la existencia de la terrible organización secreta de judíos, dado que, por la teoría de la probabilidad, algunos hechos se han cumplido o se puede estimar que así lo han hecho. Desde los años sesenta a la actualidad las teorías conspirativas se han secularizado. En términos generales, han dejado de servir a los propósitos de un gobierno para defender intereses particulares, a menudo ficticios. Desde el asesinato de Kennedy a las muertes de Elvis o de Marilyn. En ocasiones hasta han pasado de lo minoritario a la cultura popular en forma de leyendas urbanas. Con la llegada de Internet, todos estos grupúsculos aislados que se reunían en sociedades secretas para evitar ser descubiertos por el gobierno, el poder o cualquier otro elemento abstracto, se han podido juntar y coordinar y dar pábulo a mayores y más complejas teorías. Todas tienen una serie de patrones comunes que son fáciles de detectar: 1. La falta de formación de quien la emite o quien la cree. Con un poco de cultura, científica, histórica o social, la base de la conspiración cae por sí sola. 2. El análisis simplista de la realidad. La realidad, al contrario de lo que defienden, se explica por procesos muy complejos y usualmente ligados entre sí. Si hubiera una solución fácil para un problema cualquiera, hace tiempo que se habría aplicado. Si el problema persiste, es más fácil que no haya una manera de resolverlo que pensar en una conspiración enorme para que exista. 3. La extrema complejidad del complot. Para que se cumpla lo propuesto es necesaria la combinación de una gran cantidad de factores que, además, involucran a cantidades inmensas de gentes con ideas y objetivos vitales muy diferentes, que, de alguna manera, se ponen de acuerdo solo para ese propósito en particular. Cuanta más gente participe, más fácil es que uno solo lo cuente y todo se descubra, como pasó en el Watergate, por ejemplo. Del mismo modo, para que la conspiración sea posible hace falta invertir unos recursos muy grandes, a menudo más que el posible beneficio obtenido. 4. Los responsables son entes abstractos. Detrás de la presunta organización están grupos despersonalizados, como «el gobierno», «el Club Bilderberg», «los judíos», «los masones», el genérico «ellos» o incluso especies alienígenas o de diferente evolución, como «los reptilianos». 5. Los objetivos son grandiosos e imposibles. A menudo tienen que ver con planes www.lectulandia.com - Página 189

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