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7 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

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apuntarse en ningún listado, sino que basta con seguir esa base. Por eso son alentados y aparecen a menudo lobos solitarios, delincuentes que actúan por su cuenta o en pequeños grupos y en nombre de la banda. Están siguiendo el sunismo, sin intermediario entre Dios y ellos, solo guiados por las directrices marcadas en el Corán y la interpretación que de él hace Bin Laden, sus sustitutos y sus clérigos. No hay nadie que imponga y tampoco nadie que refrene. El que actúa lo hace por su propia voluntad según la inspiración de la base, con el objetivo final de derrotar a todos los países no islámicos e imponer un gobierno unificado —llamado califato— sobre todos los territorios que alguna vez fueron musulmanes, desde España hasta Indonesia. Esta meta a largo plazo —décadas— se consigue mediante otros pasos intermedios, como derrocar a los gobiernos «impíos», que para ellos son todos los árabes, incluida Arabia Saudí, de donde obtienen buena parte de sus ingresos, y aterrorizar a sus enemigos, los países occidentales —por su apoyo a Israel y su falta de fe— y los socialistas, por su ateísmo y su idea de que todos los hombre son iguales. Bin Laden dijo en 1999 que para ellos «no existen civiles, solo infieles» contra los que es legítimo atentar. Por su parte, el Estado Islámico, conocido por sus acrónimos en inglés —ISIL o ISIS— y en árabe y forma despreciativa —DAESH, que se puede traducir por «algo que pisar», «intolerante» o «que siembra discordia», según se conjugue—, bajo las mismas ideas, ha decidido afrontar los retos de otra manera. En vez de esperar a sustituir a los gobernantes que no guardan la debida observancia del Islam y luego proclamar el califato, han dado el paso de ejercer el gobierno efectivo sobre las zonas que controlan —grandes áreas de Iraq y Siria— y, desde ahí, comenzar a extenderse. Ese tipo de acción es un choque frontal con su hermana mayor que ha llevado a que sean declarados herejes, tras romper en 2014 todos los lazos que los mantenían unidos. Donde Al Qaeda juega con infiltrar agentes dormidos y mantener a sus dirigentes ocultos, el EI gobierna el territorio, con una administración paralela, fondos propios —en gran medida provenientes del petróleo, obtenido en las zonas que controlan y vendido en el mercado negro— y un gusto excesivo por las ejecuciones públicas de la manera más atroz imaginable. En teoría, el EI permite que cristianos y judíos vivan en su territorio, siempre que paguen el dhimmi, el impuesto que las religiones del libro, esto es, aquellas que se rigen por la Biblia, que también es sagrada para los musulmanes, deben para estar a salvo. En la práctica, sin embargo, hay numerosos abusos, con conversiones obligadas so pena de muerte, lo que ocurre con otros credos, como los yazidíes u otros zoroastrianos, que no tienen derecho a optar a esa tasa. Debido a esa diferente concepción religiosa, ambas ramas tienen una muy distinta concepción de sus necesidades online. Hay un fondo común, dado que ambos necesitan conseguir nuevos adeptos entre los musulmanes de cualquier lugar del mundo. Un miembro de Al Qaeda, Abu Amru Al Qa’idy, que se define como seguidor y estudiante de Mustafá Setmarian —fundador de La Base en España y, en www.lectulandia.com - Página 64

su día, número cuatro de la organización—, recopiló un Curso en el arte del reclutamiento, en el que da instrucciones precisas para ello. Una de las más llamativas es la recomendación de no invitar a personas religiosas a unirse a la organización ya que «pueden rechazar el ofrecimiento y ser la causa de tu derrota». El candidato ideal es un musulmán de clase baja, con poca cultura general y en especial en el Corán, que pueda ser manipulado de forma más sencilla. El estudioso puede rebatir con términos teológicos la fanatización y dar al traste con el trabajo de meses o años. Para cualquier grupo que debe moverse en la clandestinidad, Internet proporciona grandes oportunidades de llegar a grandes masas. Más aún la Red profunda, donde ya hemos visto que es muy difícil —aunque no imposible— rastrear los orígenes de quienes la usan. Una vez en ella, crean foros que actúan como cebo para jóvenes musulmanes radicalizados o tan solo curiosos. En otras ocasiones, se sirven de los ya existentes, cuyos autores no son necesariamente terroristas. Una vez que la web está en marcha, solo es necesario esperar. La Universidad de Arizona ha llevado a cabo varios estudios donde se demuestra que, cuanto más tiempo pasa en una discusión cualquiera en un sitio yihadista, más radicales y violentos son los mensajes. Una vez que se ha localizado un candidato que presenta las características adecuadas, comienza la lenta labor de adoctrinamiento, en la que tiene un peso específico que el reclutador establezca una relación de amistad — fingida, al menos por su parte— con el futuro combatiente. Aquí está una de las principales diferencias entre ambas organizaciones. Al Qaeda ha enviado combatientes a luchar, sobre todo, en Afganistán e Iraq, aunque uno de sus objetivos es atentar en los países occidentales, como Estados Unidos, España, Reino Unido, Francia o, en general, aquellos en los que tengan la oportunidad de hacerlo. Estos ataques se llevan a cabo con materiales al alcance de cualquiera, tal vez dinamita de una cantera, un fusil de asalto traído de contrabando desde Bosnia o un curso de vuelo en una academia legal. Para ello, alienta las células durmientes —individuos en apariencia integrados en la sociedad que solo esperan una señal para activarse— y los lobos solitarios. No hay apoyo logístico, no hay ruta de escape, no hay nada más que una reivindicación en vídeo si todo sale bien. Por otro lado, el Estado Islámico está comprometido en el control del territorio. Para este lo fundamental es conseguir más tropas que mandar allí, sin rechazar que algún lobo solitario sin mucha formación e inspirado por ellos intente cometer una masacre en Europa. También busca enviar mujeres, tanto en su principal función de ser concubinas y —con suerte— esposas de los combatientes, o la secundaria de formar parte de la policía política para controlar la moral femenina y ejecutar a otras de su sexo. Una de las formas de conseguirlo es, de nuevo, a través de Internet. Al contrario que los acólitos de Bin Laden, a menudo, elementos del EI en Siria o Iraq mantienen un contacto directo con sus reclutadores en Occidente. En España hemos tenido varios casos, como, solo en julio de 2015, la mujer detenida en Fuerteventura www.lectulandia.com - Página 65

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