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La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

estadounidenses o a las

estadounidenses o a las cabinas de sex-shop. Durante el show, los espectadores, que se pueden contar por millares, realizan pequeños pagos voluntarios («propinas») a cambio de lograr un objetivo común (retirada de la ropa, penetración, orgasmo) que el actor realiza al llegar a una determinada cantidad económica. Además, por más dinero se puede solicitar un pase privado, la grabación de un vídeo o serie de fotografías. Las redes de explotación de niños han copiado ese modo de actuar y las últimas tendencias van por ese camino. En el Sudeste Asiático y, en especial, en las Islas Filipinas, se han encontrado varias redes que explotan a niños de ambos sexos y de amplio rango de edad según los deseos de quien está al otro lado. Si bien no se han detectado amenazas a la vida de los pequeños, sí que se han plegado a los deseos de los clientes del resto del mundo, que incluyen hasta sacrificios animales en el proceso. El pago se debe efectuar de una manera que escape a los controles financieros, como en el resto de transacciones del mercado negro. Para ello estas tramas criminales utilizan dos opciones diferentes. La primera es el pago a través de entidades no rastreables, como Western Union. De esto hablaremos en profundidad más adelante, en el capítulo seis. La otra manera es pretender que se paga por otros servicios, como pornografía legal o por conceptos del todo diferentes, como instrucciones de programación o manuales de software que se realizan a través de plataformas de pago online como PayPal. Una vez que han cobrado, se lleva a cabo la exhibición utilizando servicios de videoconferencia muy conocidos, como Skype. ¿Qué nos deparará el futuro? Los delincuentes sexuales avanzan con la tecnología tan rápido como los nuevos sistemas aparecen. Hoy son las videollamadas, mañana algo que hoy todavía no ha sido inventado. ACTIVISMO PEDÓFILO O CÓMO JUSTIFICAR LO INJUSTIFICABLE La mayoría de personas que se excitan con niños son varones. Ese porcentaje aumenta más entre quieres recurren a la pornografía en todas sus escalas —tenencia, distribución y producción— para satisfacer esas necesidades. Esto es debido a que la excitación visual funciona mejor con los hombres que con las mujeres, las cuales prefieren textos escritos donde la imaginación juegue un mayor papel. En Internet existen muchas páginas dedicadas a los relatos eróticos. Suelen tener un apartado dedicado a historias sobre relaciones sexuales entre adultos y niños. Es fácil comprobar que el porcentaje de féminas presentes es alto, sobre todo en comparación con otras parafilias. Tan solo en aquellas relacionadas con la dominación y la sumisión suele haber más —lo que explica el éxito de novelas como Cincuenta sombras de Grey—. Lo cierto es que, hoy, la literatura erótica sobre menores no es delictiva, por explícita que sea, por lo que esa conducta es impune. No son del todo extrañas las noticias en las que una mujer ha iniciado una relación con un adolescente www.lectulandia.com - Página 44

que no está en la edad de consentimiento, como el caso, entre otros, de la estadounidense Katerina Bardos que, con veinticuatro años, mantuvo una larga relación sentimental que incluía sexo habitual con su alumno de doce, al que también suministraba marihuana, hasta que fue detenida a mediados de 2015. Es un caso paradigmático. La pedófila suele tener una sola víctima, al contrario que el varón, en el que es extraño que no abuse de varios niños, salvo que le resulte imposible el acceso a ellos. No obstante, hay mujeres involucradas en la producción de pornografía infantil. El caso más habitual es aquel en el que se encuentran bajo la influencia de un varón dominante. Cuando están junto a él ocurren los abusos y, si la relación termina y dejan de verse, incluso aunque ella siga al cargo del menor, estos desaparecen como si nunca hubieran ocurrido. Está también el caso de la prostitución infantil que las madres alientan, estimulan o al menos permiten y no es raro ver en grabaciones realizadas en el Sudeste Asiático —Tailandia y Filipinas en la mayoría de ocasiones — a estas junto a sus vástagos. Este es un caso diferente, puesto que no estamos hablando de un verdadero deseo, sino de una suerte de relación laboral, por desnaturalizada y reprobable que nos parezca; por supuesto, ilegal y tan perseguible como aquella que se hace por deseo. El futuro de un niño violado nunca va a ser tan positivo como el que no lo ha sido, por uno u otro motivo. En España también han sido detenidas consumidoras y traficantes de estas imágenes, algunas declaradas pedófilas, como la dueña de un kiosco de Segovia que fue arrestada por la BIT. Son excepcionales, pero existen, en la misma medida en que la pornografía de adultos cada vez tiene más aceptación entre el público femenino, sobre todo las nuevas generaciones que ya han nacido con Internet, con todo el sexo del mundo a un clic de distancia. El perfil del individuo envuelto en el tráfico de pornografía infantil es tan variado como impredecible. La mayoría son hombres —con las excepciones que hemos detallado— y pertenecen a todas las clases sociales, económicas y culturales. Aparte de eso, los hay solteros, casados, que comparten piso, con hijos —víctimas propiciatorias—, sin ellos, etc. En caso de los productores, se puede estrechar el círculo un poco más. Suelen buscar trabajos y dedicaciones relacionadas con la infancia como profesores, monitores de tiempo libre, animadores y cualquier otra donde puedan acceder a un infante. El caso por antonomasia de este tipo de comportamiento es del Gabriel Jordá Correcher, que aceptó una condena de seis años de prisión por la Audiencia Provincial de Valencia por producir y distribuir pornografía de menores de trece años, con el agravante de ser su cuidador. Este individuo orientaba toda su actividad al contacto con niños. Estudiaba magisterio, realizaba prácticas en colegios, era payaso y animador cultural, organizaba campamentos de verano y daba clases particulares gratuitas. Aprovechaba toda situación en la que se quedaba a solas con sus alumnos para desnudarlos y azotarlos (práctica que se conoce por su nombre en inglés de www.lectulandia.com - Página 45

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