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7 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

apertura del portal

apertura del portal hermano The Armory, La Armería, que quebró en poco tiempo por falta de ventas. Para completar el interfaz, en la parte superior se podía acceder a un servicio de mensajería privado con el que contactar con el administrador o entre usuarios. ¿Y qué sacaba el Temido Pirata Roberts de todo esto? ¿Dónde está el negocio después de invertir bastante en poner en marcha todo el tinglado? Por cada transacción efectuada a través de Silk Road se embolsaba entre el seis y el quince por ciento de su valor. Es decir, dados los costos de desarrollo y operación, para ser rentable necesitaba una cantidad alta de ventas o un precio muy alto de las mismas. Lo segundo era ocasional, dependiendo, sobre todo, del servicio a prestar. Lo primero lo consiguió cuando Gawker, uno de los blogs más seguidos del mundo —veintitrés millones de visitas mensuales—, de referencia para el neoyorquino medio en especial, le dedicó un artículo cuatro meses después de que el mercado hubiese empezado a funcionar. Para el cliente, hacerse una cuenta en Silk Road era gratuito, cuestión de registrarse y a comprar. El vendedor tenía que hacer un cierto desembolso económico. Al principio, había un número limitado de nuevas cuentas, que se ofertaban en pública subasta y ganaba el mejor postor. Más tarde, se abrió la posibilidad de registro abonando una cantidad fija que podía llegar, según la fluctuación de la Bitcoin, a los cuatrocientos euros. Uno de esos vendedores, especializado en marihuana, era el canadiense Roger Thomas Clark, que se hacía llamar Variety Jones, conocido además por su oposición a la guerra contra las drogas. No tardó en contactar con Roberts, con el que forjó una buena amistad además de un lucrativo tándem al que también se sumaría un misterioso personaje, cuya identidad a día de hoy se ignora, que se hacía llamar Smedley y llegó atraído por el artículo de Gawker y se dedicó a implementar mejoras técnicas como programador, incluido el proyecto de correo electrónico SilkMail, que dejó sin finalizar. Variety Jones se convirtió en el consejero de Ulbricht, programador, auditor de seguridad —esto es, si el sitio era vulnerable a ataques de hackers o de la policía— e, incluso, relaciones públicas. Juntos hicieron mucho dinero. Tanto que, en el momento de ser desmantelado, el 2 de octubre de 2013, se calcula que el beneficio total obtenido por el sitio en conjunto era de mil doscientos millones de dólares, de los cuales, los administradores habían ganado casi ochenta en concepto de comisiones. Eso en poco más de dos años y medio. Como es natural, Gawker también lo leen las fuerzas de seguridad. Además, eran ya multitud los paquetes con droga que habían interceptado antes de que llegasen a sus compradores. Se creó un equipo conjunto en Baltimore en el que participó la DEA (la agencia antidroga), el Servicio Secreto, Hacienda, Seguridad Interior e Inspección Postal. Al mismo tiempo, los expertos en cibercrimen del FBI estaban trabajando a todo ritmo en Nueva York. Mientras los primeros aplicaban los www.lectulandia.com - Página 98

procedimientos tradicionales de las investigaciones de estupefacientes, siguiendo el hilo desde el último enlace hasta la cabeza, los segundos tomaban un camino diferente, el de su especialidad. Sabían que la cadena de traficantes no es como la red funciona, y que, además, el Temido Pirata Roberts no producía ni importaba droga, sino que tan solo proporcionaba la manera de que los que la tenían la hicieran llegar a sus consumidores finales. Uno de los primeros éxitos de la gente de Baltimore les llevo a Utah, el estado de los mormones, en enero de 2013. Habían detectado un envío de un kilo de cocaína a nombre de un tipo de cuarenta y siete años llamado Curtis Clark Green y fueron a buscarle a casa. La sorpresa para todos fue que habían dado con un tipo llamado CronicPain, (Dolor Crónico), que era uno de los administradores de Silk Road, contratado por el propio Pirata Roberts para que se encargase de la atención al cliente. En efecto, la complejidad del sitio estaba siendo tan elevada que, además de programadores y consejeros de seguridad, necesitaba un abanico de otras especialidades. El envío de cocaína no había sido accidental. La persona para la que Green pensaba que iba a actuar de intermediario era un agente de la DEA. Lo que no esperaban era que el tipo en cuestión tuviera una posición tan relevante en el ranking… aunque sirvió de poco, porque el detenido no había visto jamás a su jefe ni tenía más pistas de él que los investigadores. El salario lo recibía en Bitcoins y las conversaciones eran a través del chat encriptado Torchat, por lo que no había manera de rastrearlo. Estaban tan lejos como al principio, aunque en breve iban a aprender algo nuevo, que el tipo libertario, con principios y ganas de ayudar a los demás no dudó en ordenar el asesinato de su antiguo empleado. Otro de sus consejeros de confianza era Nob, un dominicano tuerto que gestionaba un gran negocio de importación de droga a los Estados Unidos y que había intentado comprar Silk Road —aunque desistió cuando el dueño le pidió mil millones de dólares—. El Pirata recurrió a él, al que tenía por un hombre de recursos. Variety Jones le había convencido de que Green tenía que morir, dado que tenían miedo de lo que pudiera contar a los agentes que le habían detenido y sospechaban que tenía información que podría comprometer toda la empresa. Además, afirmaban que había robado trescientos cincuenta mil dólares en Bitcoins. Pagó ochenta mil para ver cumplidos sus deseos. Lo que Ulbricht no sabía era que Nob tampoco era quien decía ser, ni dominicano, ni tuerto, ni regentaba un imperio criminal. Era Carl Mark Force IV, otro agente de la DEA del grupo de Baltimore y quien tenía en custodia a CronicPain. Con la anuencia del arrestado, que de hecho ya les había contado que temía por su vida, simularon un espectacular ahogo en una bañera —demasiado entusiasta para su protagonista— que fotografiaron como prueba de que el encargo se había cumplido. Los autores fueron un inspector postal y un miembro del Servicio Secreto, disfrazados a conveniencia. De esta manera, Nob se ganó la confianza del Ulbricht y comenzó su lento camino para conseguir verlo algún día, momento que www.lectulandia.com - Página 99

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