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5 months ago

La red oscura - Eduardo Casas Herrer

¿Qué es la web profunda (deep web) o red oscura (dark net)? ¿Hay que tenerles miedo? ¿Es, acaso, como pasear por los bajos fondos de una ciudad? ¿Hemos de cuidar nuestra confianza en la red? No solemos pararnos a pensar cómo funciona un motor de búsqueda de Internet y, precisamente, en su manera de actuar se encuentra su punto débil: la araña. Por mucho que se esfuerce el robot, hay lugares a los que no es capaz de llegar porque no está diseñado para ello. Y de esa red oscura a la que no puede acceder solo es visible el uno por ciento, el resto está escondido, como si de un iceberg se tratara. Negocios ilegales, tráfico de armas y de productos, muertes retransmitidas, pornografía infantil… conforman el lado negativo de Internet; un pozo sin fondo que se abre desde nuestras pantallas. El autor de este libro, miembro del Cuerpo Nacional de Policía, que lleva desde 2004 trabajando en la Unidad de Investigación Tecnológica (UIT), nos explica con notable claridad cómo persiguen sin tregua y sacan a la luz los delitos de ese universo desconocido de la red.

(que utilizó como arma

(que utilizó como arma publicitaria contra la competencia). Destacó la serie de cinco películas del estadounidense Damon Fox Traces of Death (Las huellas de la muerte), iniciada en 1993, que mostraba los fallecimientos en toda su crudeza, como más tarde haría la web Ogrish.com de la que hemos hablado en el apartado anterior. Entre ellos estaba el suicidio en 1987 del político estadounidense Budd Dwyer, que se disparó en la cabeza durante una rueda de prensa, el accidente del actor Vic Morrow y dos niños, a los que les cayó encima un helicóptero durante el rodaje en 1982 de la película En los límites de la realidad, de Steven Spielberg; el bombardeo del mercado de Sarajevo durante la guerra de Bosnia de 1994, que mató a más de sesenta personas y varias escenas de niños muertos en diversas situaciones. Desde la segunda parte, las películas son acompañadas de música de estilos death metal y grindcore, de baja calidad. Fue prohibida en Reino Unido, donde se declaró que carecía de todo valor «periodístico, educacional o contexto alguno que justificase las imágenes mostradas». Según la definición que hemos dado más arriba, ninguna de esas filmaciones se puede considerar snuff, puesto que la intención de las muertes nunca fue la venta de las mismas. Como hemos dicho, con la popularización de los teléfonos móviles, todo el mundo dispone de una poderosa cámara con la que registrar cualquier hecho. Eso facilita que se pueda inmortalizar el fallecimiento de personas y, con la llegada de Internet, que sea compartido después con una facilidad asombrosa. Más aún, la Red permite el contacto de individuos con gustos similares, por extraños o retorcidos que sean, como el foro, hoy desaparecido, The Cannibal Cafe (El Café Caníbal), al que acudían personas que tenían interés en devorar a otras o, más peculiar aún, ser comidos por otro humano. La web era un ejemplo de Internet profunda convencional. Si bien no hacía falta nada especial para acceder, no aparecía en los buscadores, por lo que era difícil de encontrar sin la ayuda de un tercero. Se alojaba dentro de un lugar llamado Necrobabes.org, que se podría traducir por «necrochicas» o chicas muertas, que alojaba diferentes recursos sobre el tema, desde los cómics de ginecofagia —que mostraban cómo cocinaban y comían mujeres— de Dolcett hasta fotos que fingían de manera torpe hechos similares. En un subdirectorio asignado a alguien que se hacía llamar Perroloco estaba ese refugio para antropófagos en el que se movía un ingeniero berlinés de cuarenta y tres años, Bernd Jürgen Armando Brandes, deseoso de entregar su cuerpo de la manera más literal. Así, contactó con otro alemán, Armin Meiwes, de cuarenta y uno, que acabaría por ser conocido como el Caníbal de Rotenburgo. Este había quedado ya en su domicilio particular con otros cuatro hombres que respondieron a sus anuncios para ser devorados en otras tantas ocasiones. Después de una charla amistosa, los dejó marchar a todos. Habían manifestado dudas y él no quería forzar en lo más mínimo a su víctima. Con Bernd fue diferente, dado que mostró una absoluta seguridad sobre lo que quería y lo que iba a pasar. Por eso, tras hacerle ingerir grandes cantidades de drogas y alcohol, Meiwes empezó por cortarle el pene —los deseos de la víctima incluían que se lo www.lectulandia.com - Página 76

arrancara a mordiscos, pero fue imposible de realizar, por lo que usó un cuchillo— y dárselo a probar. Como resultó demasiado difícil de comer crudo, lo cocinó con sal, pimienta, vino y ajo, utilizando como aceite parte de la grasa corporal del ingeniero. Se quemó hasta ser incomestible, por lo que acabó cortándolo en trocitos y dándoselo a su perro. Después de aquello, dejó que Brandes se desangrara durante tres horas antes de degollarlo y colgarlo de un gancho de carnicero en una habitación-matadero que había adaptado a tal efecto en su pequeño apartamento. Grabó todo el proceso en una cinta de dos horas de duración, que, no obstante, no hizo nunca pública —por lo que tampoco se puede considerar snuff—. Durante los siguientes meses, consumió hasta veinte kilos de la carne, que guardaba en un congelador bajo cajas de pizza, hasta que un estudiante de Innsbruck denunció a la policía nuevos anuncios en los que buscaba otra persona a la que matar y comer. Fue detenido en diciembre de 2002 y condenado en primera instancia a ocho años de prisión. La revisión del caso, sin embargo, convirtió la sentencia en cadena perpetua, que se encuentra cumpliendo en la actualidad. Algunas personas estiman que la grabación obtendría un valor de hasta cincuenta mil euros en el mercado negro, si bien es algo demasiado abierto a la interpretación. En cualquier caso, es muy improbable que alguna vez vea la luz. Un daño colateral de todo este asunto fue el cierre en 2004 de The Cannibal Cafe, que desapareció sin dejar rastro. Su matriz, Necrobabes, aguantó diez años más. Hoy, ninguna de las dos páginas existe, si bien tienen su reflejo en diversos sitios alojados en TOR. Otros que grabaron sus atrocidades fueron los jóvenes ucranianos conocidos como Los Maniacos de Dnepropetrovsk. En 2008 apareció en los lugares más oscuros de Internet un vídeo llamado 3 guys & 1 hammer (tres tipos y un martillo). Homenajeaba con el título a otra grabación más inocente aunque muy desagradable llamada 2 girls & 1 cup (dos chicas y una copa), que era el muy gráfico tráiler publicitario de un película sobre coprofagia; llegó a alcanzar tal fama que incluso en la televisiva Padre de familia hay una escena que la recrea. Esta segunda filmación, sin embargo, era mucho más abyecta y terrible. Comienza con un varón de mediana edad tirado en el suelo, semiinconsciente, que sostiene un objeto pesado sobre su estómago. A los pocos segundos, se lo quita de encima con esfuerzo. Acto seguido, aparece en el encuadre un joven cuyo rostro no se ve, que porta un martillo envuelto en una bolsa de plástico. Sin dudar y sin mediar palabra, le golpea el rostro de manera salvaje. Después del brutal ataque, le clava un destornillador en el ojo y más tarde en el abdomen. Por fin vuelve a golpearle con el martillo en la cabeza para asegurarse de que está muerto. Durante el vídeo, uno de los dos asesinos sonríe a la cámara y se mofa del occiso. Después caminan de vuelta a un turismo negro aparcado en la cercana carretera y comentan con calma lo que acaban de hacer. Se sorprenden de que siguiera respirando después de hurgar con el destornillador en su cerebro desnudo. Acaban riéndose mientras se lavan las manos con una botella de agua. La víctima era Sergei Yatzenko, un hombre de cuarenta y ocho años que residía www.lectulandia.com - Página 77

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