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lias viviendo allí.

lias viviendo allí. Ahora es otra realidad. Trabajé en el ingenio por 18 años y me dediqué a las escuelas del campo y a los dispensarios ambulantes para atender a las familias. Alguna vez tuve miedo y me sentí en peligro. En la guerra, sobre todo. Antes del 78, la primera insurrección nos tocó en el ingenio; estábamos bajo el tiroteo y bajo todo tipo de artillería. Allí pasamos momentos muy difíciles, pero siempre al lado de la gente, ayudando. Ese mismo día de la insurrección me vine a Managua buscando a una hermana y luego no pudimos regresar. La guerra nos cogió en el camino, así que trabajé en el Colegio Teresiano con 12 médicos voluntarios muy amigos nuestros. Tanto en el ingenio como en el refugio del Colegio Teresiano, llegaron personas heridas para ser atendidas, sin embargo, era tanto el miedo que me buscaban para que yo les curara sin que se notaran que alguna vez estuvieron heridos. En 1990 regresó de nuevo al barrio Rene Shick, a continuar con la obra del dispensario. ¿Cómo me gustaría ser recordada? Me gustaría, en primer lugar, ser recordada como religiosa de la Compañía de Santa Teresa de Jesús, a la cual pertenezco con mucha honra y mucho orgullo. En segundo lugar, me gustaría que me recuerden como una mujer que hizo con amor la voluntad de Señor. Son los dones que Dios puso en mí para servir sin límites, de sol a sol. Nunca pienso si me lo agradecerán o no, pero siempre he tenido la suerte de que los nicas son muy hospitalarios, muy queridos. Nicaragua es como mi segunda patria. Quiero seguir sirviendo hasta que el Señor me lo permita. Además, me siento realizada y feliz por todo lo que el Señor me ha permitido hacer”. ELOGIO DE LA GENERACIÓN COMPROMETIDA La vida de una religiosa puede ser muy dura por múltiples razones, sin embargo, cuando Dios se cruza en 140

el camino de una de estas admirables mujeres entregadas al prójimo, los problemas diarios no son lo suficientemente grandes para detener su misión en el mundo. Los testimonios de estas ocho hermanas con una vocación inquebrantable, tan sólo nos recuerdan que en pleno siglo XXI, aún quedan místicas entregadas al servicio de nuestra comunidad. La comunidad de un país que siempre ha dependido de la ayuda de los demás para seguir sobreviviendo; un país profundamente religioso que a su vez, se deja ayudar y lucha por un futuro mejor. Un país que es como un gran orfanato o un gran dispensario o un gran asilo cuyo dolor ha sido mitigado por estas valiosas mujeres. Nicaragua les debe algo que ellas se niegan a cobrar. Son mujeres que, en medio del patriarcado de la iglesia, se hacen escuchar a través de sus acciones, en voz bajita pero insistente. Son mujeres que serán recordadas con justicia por los niños que un día serán profesionales o las madres que un día serán agradecidas abuelas o los ancianos que un día morirán en paz, gracias a sus palabras llenas de fe y de esperanza. “El amor de Dios es puro cuando la alegría y el sufrimiento inspiran igual gratitud”. Simone Weil (1909-1943) 141

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