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hablar por ellos para

hablar por ellos para que sus memorias tengan eco también en mi generación y no se repitan los errores anteriores. Dejo entonces la confesión de vida de una generación cuyos miembros, en su mayoría, se siente traicionada por los dirigentes que la utilizaron para obtener beneficios personales y estar donde están ahora, pisándolos desde arriba. En este mes de septiembre y en pleno año electoral, esta voz colectiva es a su vez, una voz de alarma para que los nicaragüenses sepamos elegir por medio del voto y de la democracia que estos hombres nos supieron legar, la justicia a quienes se la merecen. III MEMORIAS DE UNA GENERACIÓN BECADA (2012) Fueron muchos los que, durante la década de los ochenta, tuvieron la oportunidad de salir a estudiar a los países pertenecientes al bloque socialista que protagonizaban la “Guerra Fría” contra Estados Unidos de América. Entre estos países opuestos al capitalismo, estaba la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS) y Alemania Oriental. Esta última se encontraba dividida por el histórico Muro de Berlín, ese mismo bloque de hormigón que separaba a los germanos fragmentados después de la última guerra mundial. Para los que lograron irse becados por el gobierno sandinista, fue una hermosa y arriesgada oportunidad 54

para conocer desde adentro, las bondades del sistema socialista y contrastarlo con lo que significó vivir durante los últimos años del somocismo en Nicaragua. Jóvenes de 17, 18 y 19 años, salieron aprobados como puntas de lanzas en las convocatorias para estudiar en el extranjero, inspirados siempre por el discurso patriótico y esperanzador de una revolución que estaba de moda y que nacía, tras su logró histórico durante el triunfo de 1979, en el seno de una sociedad revolucionaria. Parte del proyecto de la nueva Dirección Nacional que encabezó el proceso sandinista durante ambos lustros, fue invertir en la formación de futuros profesionales que se prepararan en las tierras gélidas de Europa. La idea era que esos mismos jóvenes, fueran capaces de regresar al país llenos de conocimiento para compartir sus experiencias y luego fomentar futuros intercambios con los países amigos del comunismo. Sin embargo, la historia dio la vuelta bruscamente. Todo empezó a venirse abajo. Aquellos jóvenes que iban emocionados hacia el primer mundo, terminaron por encontrarse con una situación política aplastante. La URSS, el gigante rojo cuya bandera era soplada por los vientos obreros de los anarquistas del mundo, estaba a punto de desmoronarse y colapsar por el peso de su propia antigüedad y la ineptitud de su burocracia. El fracaso de la “perestroika” alcanzó también a los estudiantes nicaragüenses, angoleños, cubanos, norcoreanos, vietnamitas, marroquíes, etcétera; en lo que se conocería luego como la peor catástrofe geopolítica de la historia moderna: la estrepitosa caída del muro de Berlín en 1989 y el fin de la URSS en 1991 luego de casi un siglo de existencia. Mientras ocurría esto, al otro lado del charco, el gobierno capitalista de Ronald Reagan celebraba el gran triunfo de los 55

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