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(tenía menos de 13

(tenía menos de 13 años), pero ya de quince años para arriba empezaban a agarrar a los chavalos y los volaban a las camionetas militares que los andaban buscando como delincuentes. Cuando los encontraban (a los chavalos que se escondían), los arreaban como si fueran bueyes y se los llevaban para entrenarlos en el servicio militar obligatorio. Un familiar mío murió mientras venía en una camioneta civil de Managua a Waslala; a un tío le dispararon mientras dormía con su esposa y a otro muchacho lo hicieron paste, le hicieron heridas en las manos y los pies, todo porque se negaba ir al servicio militar. Los chavalos morían de pura choña: un primo mío murió mientras un amigo desarmaba un AK-47 y se le fue el tiro pensando que no había balas. El tiro le dio en el pecho y sin querer lo mató. Mi gran miedo era la guerra. En el pueblo casi no había hombres, solo mujeres, ya que a los hombres se los llevaban a la guerra. Las mujeres criaban a las criaturas, ordeñaban las vacas, cocinaban, vigilaban sus gallinitas y todo lo hacían solas porque sus maridos andaban en la guerra. Yo estaba de parte de “la contra” porque no quería estar con los sandinistas. Yo estaba contra el sandinismo porque estábamos contra la guerra y contra el servicio militar obligatorio. Si pudiera describir la década de los 80s, en una palabra, escogería Tristeza. Fue terrible y doloroso. Todo lo que les hacían a las madres era doloroso. Cuando los hijos morían por una mina personal les traían unas cajas de madera con unos tallos de banano adentro, simulando que traían los restos de sus hijos. En realidad, eran tallos de banano adentro. Eso hacían con las madres de los caídos. Y no las dejaban abrir las cajas para que no se dieran cuenta que eran tallos de banano y no sus hijos, los que venían adentro. Luego que ellas se encargaran de enterrarlos en sus cajas. Fue una salvajada”. 22

HEYDI, 30 AÑOS “Yo nací y crecí en Estelí hasta los 19 años. Lo que más recuerdo de la época es mi familia en sí, ya que somos 6 hermanos y yo nací justo en el 80, un año después del triunfo de la revolución. Estelí es una ciudad donde la mayoría de la gente es simpatizante del FSLN y tuvo su particularidad en la lucha contra Somoza. Mi mamá trabajaba para el partido y aunque no vivimos momentos de guerra como tal (porque vivíamos en la propia ciudad y no en la montaña), sí era práctica común en mi casa ver a los “compas” porque mi mamá era una “compa” también. Una de las cosas que recuerdo es ver a mi mamá ponerse las botas de cuero y enfundarse el uniforme militar para partir a su lucha diaria. Ella se ponía un elástico en las botas para que el pantalón le quedara entubado. Lo que más reciento de esa época es su ausencia ya que mi mamá hacía largas vigilancias y turnos diarios que la obligaban a regresar tarde en la noche. En el ropero de mi mamá había siempre un AK-47 a la par de los zapatos y por suerte a mis hermanos y a mí nunca se nos ocurrió tocarla. Jugar con muñecas cubanas fue algo entrañable. Recuerdo que mi mamá organizaba las piñatas del barrio y cuando llegaban las donaciones de juguetes cubanos, ella se encargaba de distribuir las muñecas. En una ocasión, había una niña a quien le habían dado una muñeca negra grandotota. La niña era menor que yo. Pues resulta que la chavala estaba atacada en llantos porque le daba miedo la muñeca negra y mi mamá me pidió que mejor yo le diera mi muñeca morena (con una mallita en el pelo) a cambio de la muñecota negra que no quería la otra niña. Me dio mucho pesar que la despreciara y entonces la tomé con gusto. Fue así que obtuve la muñeca más especial de mi infancia. 23

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