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los 90, ya que emergió

los 90, ya que emergió un sector del movimiento que se definía a sí mismo como feminista y el éxito de ese impacto, es que hoy nuestra agenda ha logrado ser asimilada en términos sociales y en su legitimidad de enfoque por los hombres. Si me preguntas si se puede ser de izquierda sin ser feminista, yo pienso que sí, perfectamente. La inmensa mayoría de la historia de la izquierda está plagada de rechazo al feminismo y de rechazo a los derechos de las mujeres, desde Lenin hasta Stalin, de Fidel hasta Chávez y Ortega. Todos esos que se declaran de izquierda pero que en realidad son profundamente autoritarios, son los verdaderos enemigos del feminismo”. Ana, 57 años: “Nací en Francia, pero soy nicaragüense de nacionalidad. Vine cuando tenía 19 años en el 73. Lo primero que me viene a la mente cuando pienso en la lucha feminista de los años 80, son los múltiples intentos y ensayos que organizamos en esa época que no siempre lograban sobrevivir porque el feminismo no estaba bien visto. También recuerdo el desarrollo de un feminismo ligado a organizaciones gremiales y sindicales, uniendo identidades que no se habían conectado de esa manera en el pasado. Eran, por ejemplo, obreras agrícolas que al mismo tiempo luchaban por sus derechos y se organizaron en AMLAE, ATC, CST o en CONAPRO (Federación de Asociaciones Profesionales de Nicaragua). Fue la primera vez en la historia del país, creo yo, en que realmente logramos desarrollar (las mujeres de entonces) lo que significa tener una identidad múltiple que a veces entraba en contradicción dentro de nosotras mismas. También nos cuestionamos qué significaba ser joven y ser mujer al mismo tiempo, algo que antes nunca nos preguntamos. En los 70 éramos solo mujeres y no entrábamos en el análisis de lo que significaba ser mujer. 90

Uno de los logros más importantes en esa década fue establecer muy públicamente que las mujeres nacemos biológicamente, pero nos hacemos mujeres en la marcha, es decir, nos educan para ser mujeres, así como educan a los hombres para ser hombres, pero la definición de mujer va más allá de la educación tradicional que nos dieron. Por lo tanto, se cuestionaron los roles de género y ser mujer empezó a cambiar la división del trabajo en la casa y fuera de la casa. Los roles que tradicionalmente las mujeres asumían, empezaron a ser cuestionados. Por primera vez en Nicaragua se vieron mujeres trabajar exitosamente en las fuerzas armadas, otras en la producción manejando tractores y siendo punteras en sus funciones. Algunas mujeres siendo más veloces y más rápidas que algunos hombres en tareas específicas. Todo esto fue parte de la revolución y fue uno de los grandes logros. Empezamos a participar en la vida política siendo dirigentes de base, algo que no había sucedido en el pasado. En las mentes colectivas se empezó asumir que ser mujer no solo era ser madre o esposa, y que el lugar de la mujer no solo era la casa. Este no era un concepto meramente nuevo para el mundo, pero para Nicaragua sí lo era. A nivel popular, este concepto quedó mucho más claro. Los grandes obstáculos fueron que esos cambios no se asentaron con políticas públicas específicas que los reforzaran y le dieran estabilidad en el tiempo. Es decir, ocurrieron cambios, pero cuando la guerra disminuyó de intensidad, los roles se volvieron a invertir y hubo de nuevo una tendencia de mandar a las mujeres a la casa. No había una reflexión profunda sobre lo que significaban esos cambios. Era como agregar algunas habilidades a las mujeres, pero no había un cuestionamiento sustancial de por qué a las mujeres nos tocaba automáticamente cuidar a los niños, ir por los enfer- 91

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