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ñabas. Eran pocos los

ñabas. Eran pocos los momentos alegres, pero sí los hubo. Lo positivo que me aporto la guerra fue la disciplina. La formación militar te fortalece y te da coraje ya que la mayor parte de nuestro tiempo, nuestros jefes eran campesinos con una misma visión y teníamos un sentido de hermandad, un espíritu de cuerpo y una gran confianza entre nosotros mismos. La relación entre nosotros, los combatientes, era muy relativa. Compartíamos mucho, nos mirábamos como hermanos en todo momento y si nos podíamos ayudar, pues lo hacíamos entre los enfermos y los heridos. Los campesinos tradicionales nos brindaron un gran apoyo en cuanto a la información, nos apoyaron directamente con los medicamentos, nos apoyaban por medio de los “correos”; ese era el eje principal de la Contra, los “correos”. Si vos en la guerra no tenés información, entonces no sos nada. El que tenía la información tenía el poder y los campesinos se esforzaron, dieron sus vidas civil y estratégicamente, por brindarnos la información necesaria para ganar la guerra. Incluso nos apoyaron con la alimentación que nos brindaron. Me quedan recuerdos buenos y recuerdos malos de aquella época. Lo bueno es que ahora estamos en un país libre donde ya no existe guerra y ahora somos padres de familia con actitudes sociales diferentes. Hemos tenido preparaciones diferentes y estamos luchando para un desarrollo mejor de todos. Lo malo es que muchos se quedaron en el camino. Cuando yo me desmovilicé, en 1990, ingresé a la Policía Nacional, se formaron 150 policías en Chontales, en la zona de Zelaya, y logramos continuar estudiando como policías ya que durante la guerra tuvimos que interrumpir nuestros estudios y perdimos nuestra juventud, la desperdiciamos toda. La guerra se nos llevó la juventud. 36

Estuve 18 años en la Policía Nacional después de la guerra. Me retiré hace 3 años cuando solicité mi baja y ahora, desde la ARNIC (Asociación Nicaragüense de la Resistencia Nicaragüense), dirigida por la “Comandante Chaparra”, nos encontramos con los hermanos de lucha y comentamos sobre aquellos de conflicto, pero en un contexto pacífico. Seguimos luchando. Ahora por la tenencia y la legalidad de las tierras ante las instancias correspondientes del gobierno en las demandas y derechos que tenemos como excombatientes. Hasta hoy el gobierno sandinista nos ha respondido. Luchamos también por las pensiones de los lisiados de guerra, madres de caídos, etc. Ahora, después de toda esa época oscura, nuestro lema es: “si juntos destruimos, entonces juntos vamos a construir”. Lucas, 56 años: “Yo nací en Matiguás, Matagalpa, en el 55. Antes del triunfo estuve en la clandestinidad (desde el 77) con el FSLN mientras se gestaba la revolución desde las montañas. Yo seguí siendo parte de la guerrilla incluso después del triunfo del 19 de julio. En los años 80 me hicieron un llamado para integrarme como instructor del servicio militar patriótico para replegar la mano armada de la Contra que continuaba presionando el territorio nacional y queriendo tomarse el campo y la ciudad. Yo fui entonces instructor durante cuatro años, del 80 al 84, pero el año más duro fue el 82. Me fui retirando del ejército hasta que un 16 de diciembre perdí mis dos piernas en un combate en San Fernando. Desde entonces quedé discapacitado y me dieron la baja porque una persona discapacitada no puede estar en el ejército. A mí me faltaban tres meses para darme de baja, pero surgió un combate en San Fernando y nosotros (que ya está- 37