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El Cantar de los Nibelungos

De los monumentos literarios que se perpetúan a través de los siglos brotan fuentes históricas de la may or importancia, allí resaltan las costumbres de la época en que aparecieron, nos dan a conocer las formas del lenguaje que entonces se empleaban y, como si tuvieran la limpidez del espejo, se reflejan en ellos los sentimientos que animaran a los héroes que en él se agitan, pues por embellecida que se encuentre la naturaleza por el arte, es siempre la naturaleza, y la vista deshaciendo el artificio ve sin él la ruda forma y el duro contorno. Esta sola consideración bastaría para que a pesar de la fatiga que produce, no se descansara en el estudio de los antiguos poemas y entre estos hay que conceder un señalado lugar al que abre el ciclo épico de la literatura germánica, más nombrada que conocida, más aplaudida que estudiada.

De los monumentos literarios que se perpetúan a través de
los siglos brotan fuentes históricas de la may or
importancia, allí resaltan las costumbres de la época en que
aparecieron, nos dan a conocer las formas del lenguaje que
entonces se empleaban y, como si tuvieran la limpidez del
espejo, se reflejan en ellos los sentimientos que animaran a
los héroes que en él se agitan, pues por embellecida que se
encuentre la naturaleza por el arte, es siempre la naturaleza, y
la vista deshaciendo el artificio ve sin él la ruda forma y el
duro contorno. Esta sola consideración bastaría para que a
pesar de la fatiga que produce, no se descansara en el estudio
de los antiguos poemas y entre estos hay que conceder un
señalado lugar al que abre el ciclo épico de la literatura
germánica, más nombrada que conocida, más aplaudida que
estudiada.

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Cuatrocientos portaespadas <strong>de</strong>bían<br />

recibir la investidura al mismo tiempo que<br />

el joven rey; muchas hermosas jóvenes<br />

trabajaban con afán, pues querían<br />

favorecer<strong>los</strong> y engarzaban en oro gran<br />

cantidad <strong>de</strong> piedras preciosas.<br />

Querían bordar <strong>los</strong> vestidos <strong>de</strong> <strong>los</strong><br />

jóvenes y valerosos héroes y no les<br />

faltaba que hacer. <strong>El</strong> real huésped hizo<br />

preparar asientos para gran número <strong>de</strong><br />

hombres atrevidos, cuando hacia el<br />

solsticio <strong>de</strong> estío, Sigfrido obtuvo el título<br />

<strong>de</strong> caballero.<br />

Muchos ricos <strong>de</strong> la clase media y<br />

muchos nobles caballeros fueron a la<br />

catedral: <strong>los</strong> pru<strong>de</strong>ntes ancianos hacían<br />

bien en dirigir a <strong>los</strong> jóvenes como en otro<br />

tiempo lo habían hecho con el<strong>los</strong>; allí<br />

gozaron <strong>de</strong> placeres sin número y <strong>de</strong> no<br />

pocas diversiones.<br />

Se cantó una misa en honor <strong>de</strong> Dios.<br />

La gente se agolpaba en numerosos<br />

grupos cuando llegó la hora <strong>de</strong> armar<br />

caballeros, según <strong>los</strong> antiguos usos <strong>de</strong> la<br />

caballería, a <strong>los</strong> jóvenes guerreros, y se<br />

hizo con tan ostentosos honores como<br />

nunca hasta entonces se había visto.<br />

Inmediatamente se dirigieron el<strong>los</strong> al<br />

lugar en que se hallaban <strong>los</strong> corceles<br />

ensillados. En el patio <strong>de</strong> Sigemundo el<br />

torneo era tan animado que las salas y el<br />

palacio entero retemblaban. Los<br />

guerreros <strong>de</strong> gran valentía hacían un ruido

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