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7 months ago

EL SER POETICO

Esta obra incluye propuestas innovadoras sobre la concepción del arte en general y del poema en particular. Los nuevos conceptos están formalizados en varias definiciones y postulados. También nos proporciona valiosos indicadores que nos permiten diferenciar el Verso Vulgar y las gradaciones que lo llevan al Verso Puro. Por otra parte, propone la solución a la extraña paradoja que los críticos tradicionales han fabricado con la supuesta dicotomía entre “Poesía” y “Prosa”, mientras que la noción del Momento Vital se convierte en un indicador muy importante para la comprensión de lo que es una novela, un relato o un poema en verso. La Visión y la Transfiguración del poema visionario, tal como lo define Carlos Bousoño, cobran nuevos matices.

pañero durante la grave

pañero durante la grave pasión y en la muerte grave¡ ¡Nunca hubo mayor gozo que aquél que hubiera tenido¡” La unidad amor-sufrimiento del cristiano se expresa en todos los tiempos desde la misma Edad Oscura y, cuando deformado, da lugar a las caricaturas más desesperantes del sentimentaloidismo occidental. Por su parte, el romanticismo es la época donde el sentimieno empieza no sólo a ser extremadamente utilitario, sino que sirve para expresar, sobre todo, rencor en todas sus formas. Juan Arolas escribe, por ejemplo, unos versos amargados, llenos de astucia y de deseos de revancha: “El amor que es espíritu de fuego, que de callada noche se aconseja y se nutre con lágrimas y ruego, en tus purpúreos labios se escondió: él te guarde el placer y a mí la queja: Sé más feliz que yo” José de Espronceda (1809-1842) vierte algunas de estas furibundas expresiones de rencor hacia las mujeres, las que seguramente no lo consideraron un buen candidato. “Mujeres vi de virginal limpieza entre albas nubes de celeste lumbre; yo las toqué, y en humo su pureza trocarse vi, y en lodo y podredumbre” Nicómedes-Pastor Diaz Corbelle (1811-1863) nos da otro ejemplo del amor-sufrir 208

“ ¡ay¡ se cumplió: que desde aquel instante mi caliz amargar plugo a los cielos y en vano a veces mi nocturna amante volvió a darme consuelos Mis votos más queridos fueron siempre tiernas privaciones mis afectos desgracias o ilusiones y mis cantos gemidos” Campoamor (Madrid 1817-1901) seguramente al notar el abuso que se hace de este sentimentalismo de fin de siglo, pone humor en la confesión de pena de la amada ante el cura que no quiere escribir en la carta, los términos exactos que ella le dicta. -Escribidme una carta señor cura -Ya sé para quien es -¿Sabéis quién es, porque una noche oscura nos visteis juntos? ......... Y si volver tu afecto no procura tanto me harás sufrir... -¿Sufrir y nada más? No, señor cura, ¡que me voy a morir! -¿Morir? ¿Sabéis que es ofender al cielo?... -Pues sí, señor; ¡morir! -Yo no pongo morir -¡Qué hombre de hielo!¡ ¡Quién supiera escribir¡! Pero los siglos pasados no tienen el monopolio del amor como sufrimiento. En el nuestro hay gran prueba de que el masoquismo amoroso atrae en alto grado la inspiración de los poetas. Rafael de 209